Blog sobre Viajes de una Turista Mundial

Archivo de Noviembre 2008

Menorca

Jueves 27 Noviembre 2008

Menorca es irresistible en Septiembre, cuando los turistas abandonan la pequeña isla, y queda casi virgen, indecente, para los enamorados que anhelan descubrirse en un lugar diferente.
Menorca fue tierra de piratas, del Imperio romano, de árabes, de ingleses, del Reinado español de Aragón, centro de batallas y saqueos. Pero siempre fue de los faros, protagonistas en la isla del viento, y guías esenciales para los veleros que se refugian en la noche tibia de las calas más bellas del mediterráneo.
Menorca es el viento que sacude la copa de los árboles con furia, las tortugas de río, el canto de los grillos, los cebollines, el sol que abrasa al mediodía.
Menorca fue un paraíso para la pareja de ingleses Cathie y Adolfo, que hace 7 años están de novios y tomaron la decisión de hacer un viaje de aventura, para ser penetrados por la adrenalina de las olas azules durante el día y la noche: llamaron al capitán argentino Mario Pujol, dueño del velero “Arrayán” que, construido en 1983 en un astillero en Galicia con acero y grandeza, dio la vuelta al mundo dos veces. Con él bordearon la isla, la navegaron de norte a sur, luego de zarpar del puerto de Addaia con provisiones para cinco días.
Por las noches, dormían en los camarotes del barco, como en una cuna que se mece, constante y segura en la calma. Se duchaban en la popa, desnudos, con un poco de agua dulce del sifón para enjabonarse el cuerpo y el pelo, después se tiraban al mar para enjuagarse y finalmente un chorrito más de agua dulce y se secaban al sol, como lagartos despreocupados.

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¿Son los edificios más inteligentes que nosotros?

Martes 18 Noviembre 2008

Concepto wi life

“La ciudad es un fenomenal hecho artístico. Es en sí misma una escultura amorfa, oscura y luminosa a la vez. La ciudad es el lugar por excelencia de los diferentes y la no existencia de límites la hace libre.”
Arq. Justo Solsona

Las capitales del mundo se están yendo para arriba. Entre el año 2001 y el 2012 se construirá la misma cantidad de rascacielos (edificios de más de 150 metros de altura) que los construidos en todo el siglo XX. Esto no está sucediendo sólo en las famosas metrópolis verticales como Hong Kong y Nueva York. Gracias a la globalización y a la migración de la población hacia las zonas urbanas, las ciudades que una vez tenían unos pocos edificios altos, hoy se están convirtiendo en mini-Manhattans.
Es el caso de Miami (de 5 rascacielos en 1999 a 72 en 2012), Dubai (de 2 a 90 en el 2012); le siguen Taiwán, Seoul, Londres y Las Vegas.

En Puerto Madero, uno de los barrios de Buenos Aires que más crecen en construcción, dos importantes proyectos están en marcha: las primeras Torres “inteligentes” Mullieris, a cargo del estudio M/SG/S/S/S, y la Torre Repsol YPF, en manos del prestigioso arquitecto César Pelli y su equipo.
¿A qué factores se debe este fenómeno? ¿Crecimiento de la población urbana, encarecimiento del espacio, moda, innovación tecnológica? El arquitecto Solsona, afirma que las ciudades son organismos vivos y que lo mejor es que crezcan hacia arriba.

Él es uno de los arquitectos que está trabajando en Mullieris y explica que los edificios serán inteligentes porque tendrán tecnología digital domótica, que permitirá al futuro propietario encender por teléfono desde la oficina el aire acondicionado, prender las luces antes de llegar o levantar las persianas.

Se trata de un desarrollo de 62.000 metros cuadrados, con 223 departamentos, cinco locales comerciales y 360 cocheras, con una inversión estimada en unos 80 millones de dólares. La cotización de las unidades parte de los 3000 dólares el metro cuadrado.

Sin embargo, podríamos preguntarnos en qué medida estos rascacielos son “inteligentes” por dos motivos: ¿pueden integrarse a la vida urbana, o son “torres country” que cortan abruptamente la comunicación con el resto de la ciudad?; ¿no sería más apropiado llamar inteligente a las “casas verdes” ecológicas?

Según Pelli, los edificios altos son importantes porque permiten aumentar la densidad de las ciudades, y muchas personas pueden residir a distancias cortas de sus trabajos. Los rascacielos, además, consumen menos energía.

Un buen ejemplo para tener en cuenta es la nueva ley que desde el año 2007 rige en Madrid, y obliga a la construcción a utilizar fuentes de energía renovables para obtener agua caliente y electricidad: El Código establece límites a la demanda de energía en función de las características de cada edificio para favorecer el ahorro, sin que disminuya el bienestar, impulsa el rendimiento de las instalaciones térmicas y de iluminación e impone unos porcentajes de energías limpias. Así, una parte del agua caliente de los edificios debe provenir de energía solar directa y un porcentaje de la energía eléctrica que necesita se debe obtener por paneles solares.

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Francis Ford Cóppola en La Boca

Lunes 17 Noviembre 2008

Fuimos a espiar a Francis a la filmación de su última película, Tetro. Llegué al barrio de conventillos y veredas irregulares, y caminé hasta la esquina de Ministro Brin y Villafañe. Alcancé a verlo, con boina y barba abundante, sentado en la silla de Director, como un busto inmovilizado en el centro de una plazoleta. Desde luego, creí que inesperadamente nos encontrábamos en la escena de un film de gángsters de los años 30, en los suburbios de Chicago: en Buenos Aires era de noche y la nube de humo proveniente de las islas en llamas, invadía las cabezas de todos, apenas iluminadas por unos focos dispersos. Qué pensaría Francis de esa bruma, que le daba más veracidad aún a ese escenario de arrabal, me pregunté. Pero no quise interrumpirlo, absolutamente involucrado en su trabajo, con la mirada fija en el monitor y que sólo desviaba para dar alguna indicación a los asistentes. Los que hablaban lo hacían en voz baja, menos el gasista de la cuadra, que les gritaba a los pendejos que dejaran de hacer quilombo con la pelota. También se escuchaba decir por lo bajo “qué miserable”: los técnicos estaban disconformes con el catering, que consistía en café aguado y sándwiches viejos. Lo que habrá alcanzado para comprar con el presupuesto con el que cuenta esta obra personal del cineasta ítalo americano, que quiso escaparle al glamour de Hollywood.

Qué bien elegida esa esquina. A la izquierda, la casa de dos pisos, con escalera de mármol y techos altos de la familia Rubino, descendientes de italianos sicilianos y vecinos del barrio de toda la vida. Susana, su marido Roberto y sus hijos, aceptaron excitados prestar sus habitaciones para maquillar y vestir a los actores. Roberto no podía creer que tenía sentado en su mesa al genial creador de El Padrino y Apocalypsis now. Con cierta emoción, le entregó un habano que le habían traído de Cuba y Francis se lo fue a fumar al balcón, lugar estratégico para observar en silencio la filmación. Mientras tanto, la española Maribel Verdú, que atraía con su misteriosa belleza la atención de la familia, devoró con hambre las empanadas y bebió encantada el Luigi Bosca.

Quizás, la trama de Tetro y sus personajes no me atrapen tanto como lo que viví ayer en La Boca. Por cierto, me enamoré de los Rubino y de la escena en Ministro Brin y Villafañe.

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Estación Buenos Aires

Miércoles 12 Noviembre 2008

 Buenos Aires es la ciudad donde vivo, que amo y que odio, que me acoge, que me da y me quita. Es la ventana desde la cual miro al mundo.

Y el mundo está acá. Y ahora también tendrá un nuevo símbolo por el bicentenario de la Revolución de Mayo que busca superar al Obelisco. Quedaron seleccionados 12 proyectos y en estos días se decidirá el ganador, que se construirá de cara al río de La plata, en tierras vecinas al barrio de Puerto Madero, una de las zonas más fabulosas de la capital argentina.

Me gustaría que gane “El corazón”, monumento interactivo de 10 metros que estará activo de día y “latirá” de noche. Los cubos tienen cámaras que proyectan mensajes de la gente.   

 

Es fundamental el aporte de la multimedia en el espacio urbano, para lograr una verdadera comunicación e interacción entre la ciudad y los que la habitan y transitan día a día. Es imprescindible para reforzar la identidad de la sociedad, a través de la utilización de un lenguaje común, actualizado, moderno y transgresor.

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Punta del Este, Uruguay

Martes 4 Noviembre 2008

La mansa y la brava, una ciudad bipolar que atrae

Más allá de lo que digan de Punta del Este, a mí me encanta porque están las dos, la mansa y la brava, y se puede estar un rato con cada una. Aquí se resuelve la inevitable tensión que promueven las elecciones.

Muchas veces los argentinos debemos elegir entre el campo o la ciudad. La paz de las siestas largas en la llanura pampeana, o la adrenalina de las calles porteñas. Lo mismo con el día y la noche. ¿Qué preferimos? ¿La energía vital de las mañanas esperanzadoras o el silencio místico de la luna que observa, perceptiva, lo inesperado en una esquina?

La brava, desafía, la mansa, acoge. La brava, tiene sal, la mansa, es dulce.

La brava, agita con furia, la mansa, calma. La brava, absorbe y se abre, la mansa, alimenta y protege.

La brava es el Océano atlántico y la mansa, Río de la plata. No se tocan, pero están ahí, cerca.

¿Podrían quedarse sólo con una de ellas?

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París

Martes 4 Noviembre 2008

En Touluse pasamos dos noches luego de un extenso viaje en tren con conexiones, desde Granada, Andalucía. La atmósfera había variado; también nuestros planes después de los atentados terroristas en Londres. Pensamos en París. Parar en la ciudad luz cuatro noches; averiguamos en Internet unas direcciones de Hostels para estudiantes. Se nos ocurrió elegir “107 rue Martre Clichy, Hauts de Seine, P 92 110, K17 Clichy”.

Estábamos muy ansiosos; salimos de la estación de tren y nos metimos en la boca del subte. Le pedí ayuda a la empleada en inglés y ella de muy mal humor sólo me vendió los tickets. El plano era enorme y había tres paradas con el nombre Clichy: las últimas tres.

Bajamos en la primera, Place de Clichy. Nadie sabía dónde quedaba la dirección del hotel. Hasta que una señora muy amable supo indicarnos el lugar que buscábamos. Empezamos a caminar con nuestras mochilas, muy cansados pero los nervios y las ganas de encontrarlo nos mantenían despiertos. Llegamos a un cruce de autopistas; había que pasarlo. Después de caminar más de 30 cuadras vimos el hostel internacional, pero en la puerta colgaba un cartel que decía “It ‘s full”. Tuvimos suerte; parecía un Instituto de corrección de menores. Creo que tenía más leyes que la Constitución francesa. Muy cerca, habíamos visto un centro de información turística. Finalmente fuimos a parar al “Grand Hotel”, a unas cuadras de allí y a unos pasos de la parada de subte “Marie Clichy”. Nos dijeron que la zona era tranquila, pero a la noche nos convenía caminar con cuidado. Estábamos en el límite de París, en la frontera con provincia. En el barrio de los inmigrantes y de los jóvenes franceses hijos de los inmigrantes argelinos, senegaleses, marroquíes y turcos. Sin embargo, seguía siendo París.

Desde el balcón de nuestra habitación veíamos el patio de un colegio, con niños practicando una coreografía en su clase de gimnasia.

La noche era oscura, sólo dos o tres bares abiertos y el puestito de crepes en la esquina, siempre lleno. En cambio, a la mañana temprano las calles de los suburbios contenían a miles de coches que se dirigían al centro para trabajar; la mayoría eran viejos modelos “Citröen” y “Peugeot”.

La mucama del “Grand Hotel”, una mujer adulta y muy activa a pesar de sus problemas en la columna y de su renguera, me indicó en un francés muy cerrado el único baño con ducha en el Hotel. Estaba en el quinto piso; nuestra habitación en el primero. Subí con la toalla y mi ropa limpia y un señor grande y macizo, con una barba colorada y un pañuelo con dibujos de águilas que adornaba su larga trenza, salió del baño y agarró la correa de su perro, que lo esperaba ansioso a un costado de la puerta. El recepcionista era muy amable y siempre se esforzaba para que entendiéramos sus explicaciones en inglés.

Pasamos muy poco tiempo en Clichy; vivimos en las calles de Montmartre, descansamos en los bancos del cementerio Montparnasse junto a la tumba de Sartre, nos perdimos en la Avenida Sant Germain, recorrimos la calle más larga de París, la rue de Vaugirard para encontrar la casa de Michel Foucault; no lo logramos, pero nos imaginamos su vida en ese barrio, el del Jardín du Luxembourg y la Sorbonne con sus hermosas librerías. Cruzamos todos los puentes, deambulamos por el Sena, por las líneas de subtes, por las galerías del Louvre, por los pasillos de Notre Dame, y por las bellas piernas de la Torre Eiffel.

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