Francis Ford Cóppola en La Boca
Fuimos a espiar a Francis a la filmación de su última película, Tetro. Llegué al barrio de conventillos y veredas irregulares, y caminé hasta la esquina de Ministro Brin y Villafañe. Alcancé a verlo, con boina y barba abundante, sentado en la silla de Director, como un busto inmovilizado en el centro de una plazoleta. Desde luego, creí que inesperadamente nos encontrábamos en la escena de un film de gángsters de los años 30, en los suburbios de Chicago: en Buenos Aires era de noche y la nube de humo proveniente de las islas en llamas, invadía las cabezas de todos, apenas iluminadas por unos focos dispersos. Qué pensaría Francis de esa bruma, que le daba más veracidad aún a ese escenario de arrabal, me pregunté. Pero no quise interrumpirlo, absolutamente involucrado en su trabajo, con la mirada fija en el monitor y que sólo desviaba para dar alguna indicación a los asistentes. Los que hablaban lo hacían en voz baja, menos el gasista de la cuadra, que les gritaba a los pendejos que dejaran de hacer quilombo con la pelota. También se escuchaba decir por lo bajo “qué miserable”: los técnicos estaban disconformes con el catering, que consistía en café aguado y sándwiches viejos. Lo que habrá alcanzado para comprar con el presupuesto con el que cuenta esta obra personal del cineasta ítalo americano, que quiso escaparle al glamour de Hollywood.
Qué bien elegida esa esquina. A la izquierda, la casa de dos pisos, con escalera de mármol y techos altos de la familia Rubino, descendientes de italianos sicilianos y vecinos del barrio de toda la vida. Susana, su marido Roberto y sus hijos, aceptaron excitados prestar sus habitaciones para maquillar y vestir a los actores. Roberto no podía creer que tenía sentado en su mesa al genial creador de El Padrino y Apocalypsis now. Con cierta emoción, le entregó un habano que le habían traído de Cuba y Francis se lo fue a fumar al balcón, lugar estratégico para observar en silencio la filmación. Mientras tanto, la española Maribel Verdú, que atraía con su misteriosa belleza la atención de la familia, devoró con hambre las empanadas y bebió encantada el Luigi Bosca.
Quizás, la trama de Tetro y sus personajes no me atrapen tanto como lo que viví ayer en La Boca. Por cierto, me enamoré de los Rubino y de la escena en Ministro Brin y Villafañe.
Etiquetas: Barrio, Caminito, Francis Ford Cóppola, La Boca, Maribel VerdúSi te ha gustado, te gustará también:




