Una noche de calor
Recuerdo aquella noche pesada, de calor húmedo, que ocurrió en Buenos Aires. Algo, ese día, hizo que mi cuerpo se tensara.
Fue luego de ir a bailar hasta las dos de la mañana a un boliche de Palermo. La vigilancia nos abrió y entramos al edificio de lofts. Le pregunté a mi amiga si subíamos a su casa y me contestó:
-No, vamos a la pileta, todavía el bar está abierto y el agua debe estar tibia. Además, nos está esperando, ¡está vacía!
-Bueno, pero estamos en jeans y remera, y los chicos también.-Le respondí, mientras observaba la enorme figura geométrica, iluminada y rodeada de reposeras.
-No te preocupes, ahora le pido al guardia unas toallas, así cuando salimos nos secamos y nos volvemos a vestir. Nadie nos mira.
Vi a Marcos sentado en la mesa, con una cerveza en la mano. Me quedé con él. Martín se puso a armar uno, mientras observaba a mi amiga, que ya se había tirado al agua y nadaba, con las tetas apuntando al cielo.
Poco a poco todos fuimos seducidos por el agua que se sacudía lentamente. Marcos movía los brazos con elegancia de chico perfecto y eso me violentó. Qué arrogante, pensé. Ahora me río.
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