Río de Janeiro
Jueves 28 Mayo 2009Y se hizo de noche. Entré al Hostel, sobre la calle Muraí, casi desierta.
En la habitación compartida, elegí la cama vacía de una de las cuchetas que dan a un gran ventanal. Arriba, dormía una chica de Dinamarca. Más tarde, descubrí a Giuliano, 25 años, San Pablo, mirada penetrante y cuerpo soberbio.
Al día siguiente, Giuliano me llevó a Macumba, una playa casi virgen, desolada. Él bajó del auto las tablas de surf y yo llevé mi libro.
Me sorprendió la calma absoluta y el sol me tumbó en la arena. Miré cómo Giuliano se ponía la malla y se ajustaba el lazo de la tabla en la muñeca derecha. Bajé un poco los ojos hasta llegar a su ombligo, de donde se desprendía la figura de una mujer asiática, que cubría la zona abdominal izquierda. Quedé detenida allí, 20 segundos. Hasta que me dio la espalda y corrió hacia el mar, pensando en las olas. El agua estaba tan agitada por los bodyboards que parecía que el mar temblaba.
Mi boca estaba salada y tenía sed. El mar bravo me sacudió hasta alcanzarme a la orilla. Caminé hasta la pequeña carpa que protegía al vendedor de refrescos y le pedí un coco helado. Me senté con Giuliano en la arena y él me dio para que probara: un jugo casi viscoso, como la leche. Me gustó y lo tomé hasta dejarle sólo un poco. Él me miró y se rió, y me limpió con su lengua las gotas que quedaron pegadas en la comisura de mis labios.
Etiquetas: Bahía de Guanabara, Barra de Tiyuca, Copacabana, Pan de Azúcar, Río de JaneiroSi te ha gustado, te gustará también:



