Blog sobre Viajes de una Turista Mundial

Coco bongo

Martes 25 Agosto 2009

Cuando viajé a Cancún tenía 19 años. Fue mi primer contacto real con el desenfreno de la noche. Escenas de las que fui testigo allí tocaron venas de mi cuerpo que aún dormían, y algunas perversas vibraciones estremecieron mi pulso. En el famoso boliche “Coco Bongo” de Cancún me di cuenta que a las mujeres también podían gustarle las mujeres: sentí la mirada desafiante de una norteamericana que quería comerme en el medio de la pista.

Al poco rato estaba ebria de tanto tomar tequila, que amigables mexicanos me ofrecían en jeringas de plástico, para que subiera veloz como un rayo a la cabeza. El personaje de la película “The mask” saltaba atado a una soga elástica de mesa en mesa, con una botella de José Cuervo enorme tipo pomo que regalaba a los adolescentes, una vez que éstos abrían la boca bien grande y el chorro pasaba directo, sin descanso. El encantador de sueños. Muy pronto, el desbordante boliche había entrado en trance, atrapado por la gran orgía colectiva que estalló violentamente: hombres y mujeres copulando en las barras , hombres y mujeres besándose unos a otros sin control posible.

Noche que nunca olvidará la poderosa psiquis.

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Cancún

Martes 4 Agosto 2009

Los días más felices de mi vida ocurrieron en julio del 2002, cuando viajé a Vera Cruz -en el Golfo de México- a visitar a mi mejor amiga Caterina. Teníamos 19 años y poca idea de las responsabilidades de la vida.

Con esa ingenuidad llegué, sola, al aeropuerto de México DF. Las indicaciones habían sido que tuviera cautela y que no hablara con desconocidos. Sin embargo, una señora muy generosa del avión me llevó hasta la Tapo, la terminal de autobuses de la capital, rodeada de barrios no muy amigables. A las 6 de la mañana, el calor abrasador de Veracruz impactó con intensidad sobre mi piel blanca, casi fantasmal, que arrastraba una gripe de invierno desde Buenos Aires.

Al poco rato, me subieron al micro que nos dejaría 18 horas después sobre las finas arenas de Cancún, en un Hotel deportivo cinco estrellas, con laisers , canchas de tenis y equipos de buceo disponibles para los huéspedes, en cualquier momento del día. Los amigos de Cate solían abrir botellas de tequila y cerveza a partir de las dos de la tarde, en la piscina. Un día, luego de tomarme un daikiri delicioso, me fui a caminar por la orilla del mar azul esmeralda, con la cámara de fotos; me quedé dormida y un policía me despertó a las siete de la tarde, cuando las lagartijas verdes emprendían la marcha a sus escondites, entre los helechos secos y las rocas todavía calientes.

Continuará…

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