Blog sobre Viajes de una Turista Mundial

Tegucigalpa, un destino sorprendente

Viernes 15 Enero 2010

Catedral San FranciscoA los piés del cerro El Picacho en Honduras podemos encontrar su capital, Tegucigalpa. Se encuentra en una cuenca formada por el río Grande y a casi mil metros de altura y es la ciudad más poblada del país seguida de San Pedro Sula.  Entre los elementos arquitectónicos de la ciudad podemos contemplar los vestigios de los colonizadores españoles en forma de monumentos como la Catedral de San Francisco que cuenta con bóvedas barrocas del siglo XVIII.

El río Choluteca (o río Grande) divide la ciudad en dos núcleos urbanos diferenciados social y eocnómicamente. En un lado podemos encontrar la original Tegucigalpa con barrios adinerados y elegantes con una gran oferta cultural y social para el turista y al otro lado podemos contemplar la parte más humilde, Comayagüela que fue anexionada a la capital en 1938. En esta otra parte podemos encotrar un barrio más humilde, con muchas tiendas, servicios públicos, etc.

Entre los puntos de interés para el turista podemos destacar la Catedral de San Francisco que está enfrente del Parque Central donde usted podrá relajarse dando paseos por un enclave único, el Antiguo Paraninfo Universitario que se ha convertido en Museo de Arte, la Casa Presidencial y el Palacio Legislativo, entre otros.

Desde BonitoViaje.com queremos aconsejar este destino a aquellas personas que deseen conocer culturas nuevas con la facilidad que supone conocer el idioma (el español) a la vez que degustan la gastronomía local de una gran riqueza y contrastados sabores y texturas. El destino ideal para buscarse a uno mismo en su interior y encontrarse en medio de la naturaleza de Tegucigalpa.

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Montreal, la ciudad más cultural

Lunes 28 Diciembre 2009

MontrealSi tiene previsto desplazarse por Canadá o se encuentra ya disfrutando de las maravillas de este estupendo país no olvide pasarse por Montreal para poder disfrutar de una ciudad con increíbles puntos de interés.

Montreal es la cuarta ciudad francófona del mundo detrás de Paris, Kinsasha y Abiyán. La lengua “oficial” de la ciudad es el francés debido al origen de los primeros nativos de la misma. También es uno de los mayores centros industriales, comerciales y culturales de Canadá.

La ciudad es uno de los centros culturales más importantes del país y a lo largo del año es sede de numerosas actividades entre las que podemos destacar el mayor festival de humor del mundo, el “Just pour Rire”; el mayor festival de Jazz del mundo, Festival de Jazz de Montreal; o el evento deportivo de Formula Uno que se disputará a partir de la próxima temporada en el Circuito Gilles Villeneuve.

Durante el año alberga más de 70 eventos lo que propicia que sea una ciudad muy turística en la que cualquiera puede encontrar el entretenimiento necesario para disfrutar de un buen viaje o vacaciones.

Además de las maravillas culturales de la ciudad podemos destacar las maravillas que el entorno ofrece al visitante. La cadena montañosa (Laurentides) donde se encuentra el Mont-Tremblant son un paisaje digno de ser disfrutado con la vista y con los esquíes durante todo el año.

También podemos destacar la ruta de los vinos de Estrie y el Mont-Saint-Hilaire donde se halla uno de los mayores depósitos naturales de la hermosa piedra Sodalita preciada por los coleccionistas y formada en gran parte por Na (Sodio).

La idiosincrásia de Montreal provoca en el visitante una integración sin parandón debido al carácter especial de la misma. Aquí todos son bienvenidos y nadie extraño, independientemente de la raza, religión o lengua.

Si finalmente decide visitar Montreal queremos recomendarle que además de disfrutar de la gran variedad cultural de la ciudad y de las maravillas de ocio y naturales que el entorno le brinda, que se decida a visitar los monumentos históricos de la misma donde quedará maravillado de los estilos arquitectónicos de cada uno de ellos.

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Quebec, cuatrocientos años de encanto

Miércoles 23 Diciembre 2009

QuebecLa pronvíncia de Quebec es la más grande del país y, como todo el país, cuenta con una gran variedad natural que lo convierte en un paraje digno de ser contemplado. Es una zona muy atractiva turísticamente donde predomina el francés como idioma y la buena acogida de los visitantes por los habitantes de la zona. A diferencia de otras zonas de Canadá, Quebec conserva costumbres francesas originales de los colonos que poblaron la zona y fundaron muchas de las ciudades.

Existen muchos puntos turísticos en la pronvíncia de Quebec, pero hoy queremos destacar el de la capital de província, la ciudad de Quebec.

Quebec ciudad es un maravilloso destino para los viajeros que buscan una mezcla entre la tranquilidad que ofrece la naturaleza de la zona, la emoción de las actividades deportivas y de ocio y la diversión de las zonas de ocio nocturno en las que se puede gozar plenamente debido a su gran oferta.

El orígen francés de la ciudad es algo que queda patente en la mayoría de los sitios. Primero por la predominancia del francés como lengua local, luego por los nombres de establecimientos, calles y monumentos y, por supuesto, por el trato tan grato de las gentes del lugar.

Situada a las orillas del Rio San Lorenzo y muy cercana de la colina donde podemos encontrar el Castillo de Frontenac Quebec se ha convertido en un referente cultural y de ocio de la zona. Una vez en la ciudad usted podrá disfrutar de innumerables zonas bellas que le robarán la mirada hasta llegar al “Viejo Quebec” donde podrá observar arquitectura de hace cuatro siglos en perfecto estado lo que le dejará anodadado.

Entre los múltiples puntos turísticos que merecen su visita podemos destacar la Terrasse Dufferin donde usted podrá pasear a la vez que contempla la panorámica irrepetible del Rio de San Lorenzo, la Basílica de Notre-Damme de Quebec, el Museo Nacional de Bellas Artes de Quebec, el Museo de la Civilización, el Museo de la América Francesa, Museo de las Ursulinas, el Museo del Fuerte o el Museo de Arte Inuit.

Quebec es una ciudad disponible al viajero en la que usted puede encontrar momentos irrepetibles a lo largo de todo el año. Desde el Festival de Verano y las Fiestas de Nueva Francia, hasta el cálido Carnaval que se celebra en invierno y con temperaturas dignas del mejor abrigo.

Ahora es usted quien decide si se desplaza o no a esta maravillos ciudad, pero desde BonitoViaje.com le recomendamos que lo haga si tiene la ocasión. Estamos seguros que no se arrepentirá y podrá disfrutar al máximo durante toda su estancia.

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Lille (Francia), ciudad de contrastes

Lunes 30 Noviembre 2009

Lille (Francia)La ciudad francesa de Lille es muy especial por su arquitectura y arte en general. Ofrece una atmósfera muy francesa al visitante y disfruta de eventos a lo largo del año para los visitantes y para los residentes. En 2004 fue nombrada “Capital Europea de la Cultura”, lo que nos puede dar una idea de la importancia de la misma.

Situada en la parte norte de Francia, a orillas del río Deulle (cerca de la frontera con Bélgica), se caracteriza por su joven población y por la vida que esta población le da a la ciudad. Suele estar repleta de estudiantes de todo el mundo.

Las fechas del año que mayor importancia tienen de carácter turístico son el Festival de Jazz que se celebra en el mes de marzo, la Feria de Lille del primero de septiembre y el Festival del Cómic que se celebta en el mes de noviembre. En las tres celebraciones sale a relucir el dinamismo de una ciudad de jóvenes gentes, lo que hace más animado y divertido cualquier evento lúdico-festivo.

Entre las zonas más destacables de la ciudad podemos destacar La Gran Plaza que es el corazón de la ciudad, el Mercadillo Antiguo, el Palacio de Bellas Artes con las obras de Goya y diferentes espacios culturales y museos. Además también se puede disfrutar de las zonas de ocio de la ciudad, especialmente de restaurantes y bares que por la noche dan una imagen luminiscente de la ciudad muy especial.

Entre la gastronomía local podemos destacar los “mejillones con patatas” que son uno de los platos típicos de Lille, pero sin olvidarnos de los dulces de Meert que es la pastelería más antigua de la ciudad y con una gran variedad de dulces franceses que nos permitirán deleitarnos con los sabores y texturas más increíbles del mundo.

Si usted decide desplazarse a la ciudad de Lille podrá observar el aire antiguo que emiten sus calles, muchas peatonales y otras tantas restauradas con ese fin y, como contraste, podrá mezclarse con la juventud más dinámica y alegre de Francia. Cabe recordar al turista o viajero que Lille es una ciudad perfectamente comunicada con otras urbes de interés que puede interesarle visitar en su viaje, como puedan ser Paris, Bruselas o Londres.

Desde BonitoViaje.com queremos recomendar a todos los viajeros o turistas que gusten de conocer ciudades con encanto, cultura y diversión y sepan combinar todos esos elementos para disfrutar al 100% de un viaje increíble donde los haya.

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Marruecos

Lunes 27 Octubre 2008

Experiencia inolvidable en los pasillos medievales del antiguo Fez, escenario vital de la cultura árabe, en su más pura expresión.
Marruecos significaba cruzar a África, continente y tierra alejada de mi imaginación. Cierta tensión me perturbaba.Cruzamos el estrecho de Gibraltar desde Algeciras hacia el Tánger, ciudad histórica y mítica para el mundo entero.
Cuando llegamos, el calor nos azotó. Unos chicos movían sus flacos cuerpos entre la basura y las moscas, y miraban con distancia. Otros, se acercaban a vendernos sus alimentos en bolsitas. Estábamos un poco desorientados pero atentos, mientras buscábamos un Banco para sacar dirhams. Caminamos mucho para encontrarlo.
 
Inmediatamente después, nos encontramos presa de otro inconveniente: hacerle entender a un taxista que nos llevara a la estación de colectivos. Les hablábamos en castellano, en inglés y en un mal francés, nadie nos comprendía. Finalmente, un taxista que había vivido en España, nos llevó al lugar.
Allí, el colectivo que teníamos que tomar para ir a Chechaouen, estaba con el motor encendido a punto de salir. A los gritos, alguien agarró nuestras mochilas y subimos sin dudar.

Llegar a Chechaouen fue una verdadera tortura. El camino era de montaña, la ruta muy precaria, prácticamente abandonada, y el aire no corría. Me sentía parte de una masa chiclosa y pegajosa. Los demás -muchos de ellos hombres sin trabajo o changarines- se reían y parecían no sufrir el sol que caía sobre nuestras cabezas.

El colectivo hizo una parada en Tetuán. Pensé que habíamos entrado en un sótano, bajo tierra y sin luz. Olía a chorizo de cerdo asado, a sudor de animales y a encierro. Las voces- que se manifestaban con energía- se confundían hasta hacerse una, y los vendedores de gaseosas y golosinas, se empujaban para entrar en el colectivo. Creí que el tiempo se había detenido.

Una vez en la ruta, nos cambiaron de colectivo y me senté al lado de Yessine -él sería quien nos daría una mano para encontrar donde dormir en Chechaouen antiguo. Es estudiante de Historia. Nos contó que todas las ciudades árabes tienen una parte moderna y otra antigua y, para entrar a ella en Chechaouen, hay 7 puertas que se cierran a la medianoche. Afortunadamente, era una costumbre que hace muchos años ha dejado de practicarse.

Yessine, nos despidió en una de las puertas con voz suave y amable. Nos deseó buen viaje.
 
 
 

 

Chechaouen fue un sueño de color azul, color del mar. Mientras más tiempo pasábamos en él, más nos enamorábamos: me había atrapado la calidez de los árabes, las sonrisas de los niños y sus miradas generosas.El Hotel donde dormíamos era pequeño y tenía una terraza. Allí pasaban las horas hasta que el sol caía sobre las casas blancas y azules, escalonadas en la montaña que las abrigaba. En ese momento, el cuadro se tornaba color naranja. Y cuando las estrellas comenzaban a brillar, una voz sagrada inundaba ese cuadro y la vida del pueblo se desbordaba hacia la Mezquita de la plaza central, para rezar.

Por la mañana, subiendo la montaña, vimos a unos niños jugar en el agua de la cascada y, un poco más arriba, padres, madres e hijos limpiando sus alfombras estampadas en un gran fregadero público: las dejaban secar al sol y luego las cargaban cuesta abajo en carros o sobre sus hombros.
Los más pequeños, mostraban una energía envidiable. Me acerqué a sacarles una foto a tres de ellos y creo que nunca recibí tanto afecto. Me abrazaron con fuerza y me reí, hasta quedarme sin aire.

Fuimos a Fez. Una pareja, él parisino y ella romana, nos dijo que teníamos que buscar la Puerta Azul para entrar al mundo antiguo y hospedarnos en el Hotel “Cascade”.
Otra vez la pesadumbre, el calor seco derretía mi cabeza, tenía mucha sed y ganas de tomar una ducha helada. No sabíamos por donde empezar, teníamos hambre, pero los puestitos de comida olían mal y no tenían buen aspecto.
Un chico llamado Abdul, se nos acercó y en español, dijo que sería nuestro guía. No se porqué, lo seguimos. Empezamos a caminar por el Mercado, entre las frutas pasadas, las carnes, las tripas y corazones de cerdos, y cogotes y patas de pollos colgando en unos ganchos, que apenas eran cubiertos del sol por unos toldos verdes y marrones. Seguimos adentrándonos a través de unos pasadizos más angostos, y el chico nos mostró los secretos de Fez antiguo. Era un verdadero laberinto, no sabíamos dónde estábamos.
Abdul nos llevó a la casa de un artesano donde elaboraban tintes de colores con los excrementos de las ovejas. El olor era penetrante, y yo me preocupaba por hacer equilibrio con mis sandalias para no caerme en una de las tinajas, con esos raros líquidos espesos color tiza. También, nos mostró la herboristería, sus puros perfumes, medicinas curativas y especias de todos los continentes.

Ya habíamos entrado demasiado y queríamos volver. Le pedimos por favor a Abdul que nos llevara de vuelta a la Puerta Azul. Él nos pidió dirhams. Yo le di lo que tenía en dirhams, casi cinco euros, pero se enojó porque decía que teníamos más, que era poco. Estaba furioso. Entonces, Mariano le dio un paquete de cigarrillos casi lleno y el chico aceptó.

Los 45 minutos de vuelta, se hicieron interminables, hasta que por fin vimos el cartel “Hotel Cascade”.

Esa fue la última vez que entramos al Medieval Fez.
 

 
 
 

 

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