Cancún
Martes 4 Agosto 2009Los días más felices de mi vida ocurrieron en julio del 2002, cuando viajé a Vera Cruz -en el Golfo de México- a visitar a mi mejor amiga Caterina. Teníamos 19 años y poca idea de las responsabilidades de la vida.
Con esa ingenuidad llegué, sola, al aeropuerto de México DF. Las indicaciones habían sido que tuviera cautela y que no hablara con desconocidos. Sin embargo, una señora muy generosa del avión me llevó hasta la Tapo, la terminal de autobuses de la capital, rodeada de barrios no muy amigables. A las 6 de la mañana, el calor abrasador de Veracruz impactó con intensidad sobre mi piel blanca, casi fantasmal, que arrastraba una gripe de invierno desde Buenos Aires.
Al poco rato, me subieron al micro que nos dejaría 18 horas después sobre las finas arenas de Cancún, en un Hotel deportivo cinco estrellas, con laisers , canchas de tenis y equipos de buceo disponibles para los huéspedes, en cualquier momento del día. Los amigos de Cate solían abrir botellas de tequila y cerveza a partir de las dos de la tarde, en la piscina. Un día, luego de tomarme un daikiri delicioso, me fui a caminar por la orilla del mar azul esmeralda, con la cámara de fotos; me quedé dormida y un policía me despertó a las siete de la tarde, cuando las lagartijas verdes emprendían la marcha a sus escondites, entre los helechos secos y las rocas todavía calientes.
Continuará…
Etiquetas: Buenos Aires, Cancún, Caterina Lamela, lagartijas, María Hegouaburu, México, Vera CruzSi te ha gustado, te gustará también:






