Blog sobre Viajes de una Turista Mundial

Fin del mundo

Jueves 23 Julio 2009

Julieta viajó a Puerto Madryn -Patagonia argentina- por un fin de semana: su amigo instructor de buceo la invitó a sumergirse en las profundas aguas del océano atlántico, frías por las corrientes del polo sur, y mansas, porque transcurren en una hermosa bahía. La llevó de la mano y le mostró las anémonas, estrellas de mar y peces de diferentes colores, con el mismo ritmo de los astronautas que nadan en el espacio sin gravedad, como en otra dimensión, casi extraterrestre. Julieta, con un traje de neoprén de siete milímetros de espesor, tanque de aire en su espalda, gorra y antiparras, se sintió lenta y pesada -aún con las aletas que sacudían el agua para avanzar- y notó que la fauna marina era ágil y vital.

Su amigo Juan, en realidad era más que un amigo. Así se lo demostró a Julieta, y ella también reconoció que desde el primer minuto en que se conocieron, en una circunstancia azarosa, se miraron con atracción. (Fue cuando Juan tocó la puerta de Julieta una tarde de primavera, sudado y ansioso, para buscar un ipod que él le había comprado por el sitio online “Mercado Libre”). Sin embargo, ambos sabían que esos días en el fin del mundo quedarían allí, en una aventura. Hubo pulpo fresco a la española, tardes diáfanas y sábanas blancas, pero él no entendió porqué no pudo arrancarle a ella un sí, y tampoco algunos latidos intensos del corazón.

Julieta volvió a Buenos Aires, para seguir su rutina en la productora de cine de Palermo Hollywood y él continuó con los bautismos de buceo, en Puerto Madryn.

Es muy probable que Julieta no acepte el amor a distancia. Y quizás, ninguno de los dos pueda abandonar sus proyectos profesionales. Sucede mucho, ¿no?

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