Blog sobre Viajes de una Turista Mundial

Donosti, una ciudad con mucho encanto

Domingo 19 Septiembre 2010

Playa de la ConchaEsta semana la ciudad de San Sebastián ha ocupado (y lo sigue haciendo) espacio en telediarios, periódicos, revistas y programas de televisión gracias a una de las atracciones más internacionales de la ciudad.

El Festival Internacional de Cine de San Sebastián es uno de los eventos con mayor renombre y repercusión mediática internacional de todo el territorio español. En el Festival se reúnen múltiples estrellas del celuloide de todo el mundo para disfrutar del mejor cine.

No obstante, la ciudad merece ser visitada durante todo el año, especialmente algunos de los puntos más emblemáticos que harán las delicias del viajero. Entre estos emblemáticos puntos podemos destacar en especial:

  • La playa de la Concha: es el lugar más emblemático de la ciudad que permitira disfrutar de la playa y el Sol (si el tiempo lo permite) además, por la noche, la oferta turística de la zona es notable y muy agradable.
  • Monte Urgull: un lugar solo aptos para personas con aptitudes físicas y ganas de practicar senderismo. El monte ofrece la oportunidad de disfrutar de las vistas de la playa de la Concha y está situada junto a la propia ciudad, al lado del casco antiguo.
  • Mercado Turístico Artesanal: es, obviamente, un lugar que no debe dejar de visitar el turista de San Sebastián dada la oferta artesanal y de souvenirs que ofrece al visitante. El lugar perfecto para escoger algunos regalos para sus seres más queridos.

Ademas de estos tres puntos de alto interés para el visitante, la ciudad de Donosti (San Sebastián) ofrece otras múltiples opciones únicas y envidiables, como una amplia oferta cultural o gastronómica. Visite San Sebastián, sienta Donosti.

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Europa: casa de muñecas

Jueves 15 Octubre 2009

Europa para la mayoría de los argentinos es como volver al hogar de sus padres. Soy argentina, de la provincia de Buenos Aires, y volé tres veces al viejo continente. Cuando pisé Roma un día de verano, y el atardecer cayó sobre nuestros hombros lloré. El perfume del pasto húmedo y de la copa de los árboles me eran familiar. Sentí también olor a tuco, esa salsa que se deja en el fuego largo rato con algo de carne picada y que me parecía deliciosa cada domingo de ravioles en casa de mi abuela Triestina Yolanda, en un pueblo llamado Gral. Rojo, campo argentino.

Las caras cómplices y con cierta soberbia de algunos italianos me recordaban a las de mis primos y quizás, a las del diariero de la esquina. En los españoles encontré algunos rasgos conocidos, aunque en menor medida. Por eso me enamoré tanto de su gente, la alegría expresada en sus artes -la música, el baile-, la vestimenta colorida y cierta firmeza en sus valores. Ambos pueblos latinos son de gritar y hablar mucho, como los argentinos.

Y el mediterráneo. Inemdiatamente caí rendida a los pies de sus calmas aguas. La sabiduría de los barcos de Europa allí; los faros, testigos del comercio mundial del medioevo y el renacimiento. Quería conocer el mediterráneo, luego de escucharlo tantas veces cantar, con suma belleza, al catalán Joan Manuel Serrat. Me emocioné, mucho.  

Continuará…

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Mónaco, sangre azul

Martes 29 Septiembre 2009

Este fin de semana, Mónaco recibió al clásico premio de Fórmula Uno que todos los años atrae al jet set de la fama mundial. En 1950, año en que comenzaba este campeonato, la ciudad monárquica fue la segunda en presenciar el excitante espectáculo dentro del circuito, y el corredor argentino Fangio fue quien obtuvo la victoria.

Empecé a admirar este evento apasionante con mi primer novio, que me “obligó” a verlo los domingos, porque quería compartirlo conmigo, y se empecinaba en explicarme los detalles de ingeniería y las destrezas que los conductores despliegan en la pista. Debo confesar que le fui tomando el gusto y comprendí lo adrenalínico del juego, la enorme inteligencia invertida en cada escudería, además del dinero, el prestigio y las novedades tecnológicas puestas allí, en cada enfrentamiento.

En cuanto a Mónaco, debo visitarla pronto, que aún no la conozco e intuyo que debe ser magnífica, soberbia y sofisticada como otras ciudades de la Costa Azul , con un toque de San Sebastian -España- y París, la capital de Francia. Veremos.

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Carteles de España

Domingo 26 Julio 2009

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Una carta de amor

Jueves 2 Julio 2009

Es de noche. Oscura, solitaria, llena de voces. De nocturnas imágenes marroquíes.

Das vueltas hasta el límite hermoso de tu Granada aparición. Haces rondas, vas, venís. Y así, Casablanca es un dolor de muela y mi sueño cumplido.

Vos, mi vida, la aparición hermosa en el hueco de una bolsita de semillas de girasol en una plaza de toros sevillana. Y yo, ahora, soy ese toro triste. Vos, la Torre del Oro.

Y te sigo, me tropiezo, me invaden los errores cometidos, tan empinados como la cuesta que culmina en la innegable Alhambra. Voy a impedirles que enturbien mi amor. Llegaré a la cima donde estallan los relojes y las campanas. La Catedral es mi silencio.

Ahora, ¿qué veo? Que estalla una tormenta en Tolosa que apaga todos los fuegos.
Será por eso que mi deseo te sigue en cada Cadaqués.
¿Seré yo el peor dibujo del buen Dalí?
Será por eso que te acaricio con mis manos de Algeciras doloridas.
¿Será tu sombra la que está aquí? Una luz. El atún y la camisa del bobo. ¿Será tu recuerdo en un Metro de París tardío, bello y de luz? ¿O el hermoso puerto donde ya no llegan los barcos? Pero en Mutriku aún esperan.

Ya sé. Es que te extraño dentro de un opiáceo sueño de un Chechauen dulce.
Y tu cuerpo, tan lejos, se eleva grandioso como el Gibraltar para los débiles; y mis cegueras me hunden por los callejones del cruel Fes, y aún así, bello y obstinado como mis torpezas perfectas.

Ojalá un vasco rayo de sol te comunique mi amor de Gran Vía. Y que los Santos fuegos de Sebastián que ilustraron aquel oscuro cielo dupliquen tu significado en mi alma.

Mi amor es mudo como un minarete, pero sagrado como la fe que allí se despliega.

Gracias por este y aquel sueño del viejo Pirineo. Es el tren que me acuna hasta la tarde de un Toulose desierto, despierto, desesperado.

Es de noche y ahora voy a dormir en alguna de aquellas habitaciones “ballardianas” que refugiaron nuestro viaje. Ojalá continúe como vos continuás en mí. No tengo mapa, pero lo pienso dibujar.

Aunque algunos soldados se tornan concientes en la derrota, no se rinden. Porque saben que rendirse en el amor es la peor de las traiciones.
Las piedras de mi Notre Dame de amor son eternas. Te las regalo todas.

Hubo, hay y habrá algo en mí para vos. No me inunda el desierto.
Creeme.
Porque como dice uno de los temas que te grabé:
“Dicen que hay que amar hasta el fin, sino viene un diablo delicado que no cabe en el alma”.

Creeme. Porque aunque sé que nunca te lo comuniqué con la fuerza del Magreb, te Amo.
Y esta es la noticia del sol. Donde no hay tiempo, ni nunca es temprano ni tarde: es.

P.

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