Blog sobre Viajes de una Turista Mundial

Coco bongo

Martes 25 Agosto 2009

Cuando viajé a Cancún tenía 19 años. Fue mi primer contacto real con el desenfreno de la noche. Escenas de las que fui testigo allí tocaron venas de mi cuerpo que aún dormían, y algunas perversas vibraciones estremecieron mi pulso. En el famoso boliche “Coco Bongo” de Cancún me di cuenta que a las mujeres también podían gustarle las mujeres: sentí la mirada desafiante de una norteamericana que quería comerme en el medio de la pista.

Al poco rato estaba ebria de tanto tomar tequila, que amigables mexicanos me ofrecían en jeringas de plástico, para que subiera veloz como un rayo a la cabeza. El personaje de la película “The mask” saltaba atado a una soga elástica de mesa en mesa, con una botella de José Cuervo enorme tipo pomo que regalaba a los adolescentes, una vez que éstos abrían la boca bien grande y el chorro pasaba directo, sin descanso. El encantador de sueños. Muy pronto, el desbordante boliche había entrado en trance, atrapado por la gran orgía colectiva que estalló violentamente: hombres y mujeres copulando en las barras , hombres y mujeres besándose unos a otros sin control posible.

Noche que nunca olvidará la poderosa psiquis.

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La belleza será comestible o no será

Sábado 18 Julio 2009

Él es venezolano y tiene 21 años. Quiere conocer Buenos Aires. Una noche lo llevo al boliche Kika con unas amigas. Él compra dos mojitos. En los parlantes suena “Hasta que se rompa el suelo” de Wisin y Yandel.

Sé que los latinos bailan sexy, y alguien me dice al oído que los que saben moverse y moverte saben hacerlo también en la cama.

Miro y veo un grupo de basquetbolistas norteamericanos de piel negra. Altos, con cadenas y pantalones anchos. Una adolescente con cara de niña desafiante se acerca lentamente a uno de ellos y le frota sus nalgas. Se excitan y se besan sin parar.

El venezolano busca mis manos y empieza a moverme. Su pierna la tengo en mi entrepierna y me lleva al suelo. Siento su respiración en mi espalda y me erizo. Paso mi mano por debajo de su camisa y lo toco. Le digo que es un niño, no tiene pelos en el pecho. Se tensa. El cuerpo a cuerpo me hace tan bien que casi es como un orgasmo.

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