Blog sobre Viajes de una Turista Mundial

Arte en estado puro por las calles de Tolosa

Lunes 18 Julio 2011

A orillas del río Oria podemos encontrar una de las ciudades más influyentes de tierras guipuzcoanas donde las alubias negras apenas requieren remojo y la tierra de los alegres carnavales. Nos referimos a la ciudad de Tolosa donde podemos encontrar diferentes palacios de los siglos del XVI al XVIII. Pero su lugar más característico no es ninguno de estos.

Tolosa

El punto de referencia más importante de Tolosa es el Museo al aire libre donde artistas, principalmente vascos, exponen sus obras como Chillida, Oteiza o Koldobika Jáuregui, entre otros. El visitante que decida poner a Tolosa entre los lugares para visitar deberá empezar por la plaza triangular y pasear pos las calles de la ciudad siguiendo el camino que las obras de los artistas marcan en las calles.

El arte inunda la localidad y, por este motivo, es tan tenido en cuenta por los dirigentes políticos de la ciudad que buscan con este alarde de originalidad y arte de vanguardia un reclamo claro para la atracción de turistas como usted o yo mismo. Paralelamente a las exposiciones al aire libre podremos encontrar, en el Palacio Aramburu, exposiciones frecuentes de esculturas y obras de arte que bien merecerán la pena.

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Europa: casa de muñecas

Jueves 15 Octubre 2009

Europa para la mayoría de los argentinos es como volver al hogar de sus padres. Soy argentina, de la provincia de Buenos Aires, y volé tres veces al viejo continente. Cuando pisé Roma un día de verano, y el atardecer cayó sobre nuestros hombros lloré. El perfume del pasto húmedo y de la copa de los árboles me eran familiar. Sentí también olor a tuco, esa salsa que se deja en el fuego largo rato con algo de carne picada y que me parecía deliciosa cada domingo de ravioles en casa de mi abuela Triestina Yolanda, en un pueblo llamado Gral. Rojo, campo argentino.

Las caras cómplices y con cierta soberbia de algunos italianos me recordaban a las de mis primos y quizás, a las del diariero de la esquina. En los españoles encontré algunos rasgos conocidos, aunque en menor medida. Por eso me enamoré tanto de su gente, la alegría expresada en sus artes -la música, el baile-, la vestimenta colorida y cierta firmeza en sus valores. Ambos pueblos latinos son de gritar y hablar mucho, como los argentinos.

Y el mediterráneo. Inemdiatamente caí rendida a los pies de sus calmas aguas. La sabiduría de los barcos de Europa allí; los faros, testigos del comercio mundial del medioevo y el renacimiento. Quería conocer el mediterráneo, luego de escucharlo tantas veces cantar, con suma belleza, al catalán Joan Manuel Serrat. Me emocioné, mucho.  

Continuará…

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Una carta de amor

Jueves 2 Julio 2009

Es de noche. Oscura, solitaria, llena de voces. De nocturnas imágenes marroquíes.

Das vueltas hasta el límite hermoso de tu Granada aparición. Haces rondas, vas, venís. Y así, Casablanca es un dolor de muela y mi sueño cumplido.

Vos, mi vida, la aparición hermosa en el hueco de una bolsita de semillas de girasol en una plaza de toros sevillana. Y yo, ahora, soy ese toro triste. Vos, la Torre del Oro.

Y te sigo, me tropiezo, me invaden los errores cometidos, tan empinados como la cuesta que culmina en la innegable Alhambra. Voy a impedirles que enturbien mi amor. Llegaré a la cima donde estallan los relojes y las campanas. La Catedral es mi silencio.

Ahora, ¿qué veo? Que estalla una tormenta en Tolosa que apaga todos los fuegos.
Será por eso que mi deseo te sigue en cada Cadaqués.
¿Seré yo el peor dibujo del buen Dalí?
Será por eso que te acaricio con mis manos de Algeciras doloridas.
¿Será tu sombra la que está aquí? Una luz. El atún y la camisa del bobo. ¿Será tu recuerdo en un Metro de París tardío, bello y de luz? ¿O el hermoso puerto donde ya no llegan los barcos? Pero en Mutriku aún esperan.

Ya sé. Es que te extraño dentro de un opiáceo sueño de un Chechauen dulce.
Y tu cuerpo, tan lejos, se eleva grandioso como el Gibraltar para los débiles; y mis cegueras me hunden por los callejones del cruel Fes, y aún así, bello y obstinado como mis torpezas perfectas.

Ojalá un vasco rayo de sol te comunique mi amor de Gran Vía. Y que los Santos fuegos de Sebastián que ilustraron aquel oscuro cielo dupliquen tu significado en mi alma.

Mi amor es mudo como un minarete, pero sagrado como la fe que allí se despliega.

Gracias por este y aquel sueño del viejo Pirineo. Es el tren que me acuna hasta la tarde de un Toulose desierto, despierto, desesperado.

Es de noche y ahora voy a dormir en alguna de aquellas habitaciones “ballardianas” que refugiaron nuestro viaje. Ojalá continúe como vos continuás en mí. No tengo mapa, pero lo pienso dibujar.

Aunque algunos soldados se tornan concientes en la derrota, no se rinden. Porque saben que rendirse en el amor es la peor de las traiciones.
Las piedras de mi Notre Dame de amor son eternas. Te las regalo todas.

Hubo, hay y habrá algo en mí para vos. No me inunda el desierto.
Creeme.
Porque como dice uno de los temas que te grabé:
“Dicen que hay que amar hasta el fin, sino viene un diablo delicado que no cabe en el alma”.

Creeme. Porque aunque sé que nunca te lo comuniqué con la fuerza del Magreb, te Amo.
Y esta es la noticia del sol. Donde no hay tiempo, ni nunca es temprano ni tarde: es.

P.

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